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Bajo Una Luz Crepuscular

La Obsesión de Dalí


''El cuadro le fascinaba y obsesionaba irracionalmente, lo veía en todas partes porque le recordaba la historia de su hermano muerto, lo veía en paisajes, en sus sueños emergía de su subconsciente, la escena aparecía una y otra vez latente y enigmática...'' , HA! Surrealismo.


Bajo Una Luz Crepuscular

No son todas las estaciones, las que se predestinan para hacer estar a dos, a tres o a más entes en el mismo lugar, a la misma hora y en el mismo sentir, y es que no han pasado más de tres días de lo que va del mes, y ya son los inicios de septiembre del 2020, los mejor bañados de voces que retumban sombra, cenizas y un silencio citadino, que difiere del ruido interno de quien las  percibe y narra. 

Si escribir es hablar con uno mismo dentro de un polígono de cuatro lados, dedicarse a gritarle a un bloc de notas por episodios tendrá sentido, hasta encontrar una razón a lo que se piensa, o hasta sencillamente dedicarse a la inquietante contemplación de  la belleza de imágenes que se trazan por conceptos, por frases, por preguntas que se hacen retóricas a sí mismas; por pensamientos, convicciones, por sueños, fracasos, decepciones, por canciones, enigmas, emociones... Palabras que, en fin, se dibujan a partir de todo eso y quedan tendidas en un abismo, hasta ser recogidas, estudiadas y ordenadas por quien espera apiadarse a pasos más lentos de lo usual, de su propia luz.

Obra: Reminiscencia Arqueológica del Angelus de Millet
Técnica: Óleo (31.75 x 39.4 cm.)

Es precisamente la luz crepuscular en los trazos de Millet, la que cautiva los sentidos de Dalí y lo obliga a emprender la investigación sobre la obra que consideraría, la más turbadora en toda su vida, además de la confirmación que lo impulsó  a sublimar la historia de su propia vida en un arte  similar. El  resultado: el óleo surrealista que se prometió a sí mismo culminar, producto de su fenómeno delirante inicial.

Su obsesión por descubrir lo que la obra le susurraba sin siquiera mirarlo, no fue en vano, ya que luego de conversar con un descendiente del pintor francés, supo que lo que admiraban sus ojos en el presente no siempre fue lo que hubo en el lienzo, sino que se trataba del ataúd de un niño muerto, hecho que conmueve hasta las entrañas a Dalí, por el peso de llevar sobre sí, la responsabilidad de portar el nombre de su hermano fallecido a sus tres años. Esto último, como consecuencia de la convicción de sus padres de que éste vendría al mundo para ser el reemplazo del difunto.

L’Angélus de Millet. (1859)
Óleo sobre lienzo, 55,5 x 66 cm.


La confirmación del método delirante crítico

Hubo voces que para el día 31 del mes pasado y para el  segundo del presente,  susurraban la visita de la muerte. Llegaron incluso, a la externalización de que si alguien más recibiría un aliento de vida y de esperanza, por causa de la historia de alguien a quien le tocara dejar ir la suya al más allá, la resignación por la partida de un alma tan joven habría valido la pena. 

Los augurios no han sido imaginarios, como tampoco lo fue la sensación irracional del gran genio español hacia los pincelazos de Millet, ya que para el día tres nos abandona don Otto Sarmiento, un reconocido profesional de la locución en ciudad de Panamá, que nos hace ir en retrospectiva a los primeros días de enero,  cuando tuve el honor de leer noticias dos o tres veces en presencia de su carisma,  en la misma estación de radio. 

No hicimos más que alternar la tarea de la comunicación de malas nuevas y unas que otras buenas, para luego cruzar la Vía España y llegar así a un Café aledaño a la Estación del Metro de Vía Argentina y terminar invirtiendo unos cuantos minutos junto a sus colegas. Existe una realidad confrontante y es que lo más seguro es que no volveré a toparme con alguno de estos veteranos y que nunca sabrán que esa mañana apenas cálida, terminaron  otorgándome un rato lleno de risas, historias, cafés y hasta la prescenciación de un periódico hurtado, aparentemente a manera de broma... El mismo nunca volvió a manos del dueño.


Foto captada durante la Emisión de Radio Diario, Cadena de Noticias.


 No hay nada de qué compadecerse ya, en cuanto al ser que ha devuelto el cuerpo que tenía por prestado para habitar en esta Tierra, pues ya no llora con nosotros. Ahora somos nosotros quienes sufrimos la partida de ese ser amado. 


La Obsesión de Dalí

Todas esas páginas que se le han pedido prestadas a las perspectivas, a las líneas rectas y a una que otra forma asimétrica, suelen terminar siendo testigos de la tarea de ordenar letras con la espontaneidad de quien dibuja . Es un baile de manos que se mueven (como las del pianista al ritmo de la melodía) al compás de imágenes mentales.

Ya no hay ruidos que atormentan, aunque lo que termina diciéndose no es lo que todos esperan escuchar, solo hay música, el gran suspiro llega mientras más se dice, lo que le haría creer a cualquiera, que ha nacido para gritar en silencio, conclusiones inválidas para algunos como llegar al punto de preguntar cuál es el elemento en común en cada una de las piezas del  rompecabezas en estas historias y terminar con la confesión de que no son más que el orden de un pensamiento recurrente para el día dos del mes: ¿Qué pasaría si mi vida acaba antes de terminar la carrera de Arquitectura? 

El tiempo está lento aquí, y aunque el viento no siempre ha fluido con claridad en tantos meses de cuarentena, desde estos doce metros cuadrados en los que prácticamente estoy destinada a estar, sé que si no me enfocara en disfrutar el camino, el afán no habría tenido sentido. Entonces, trabajo en no apurarme por terminar algo, sino en hacer valer el momento, el momento, que es ahora. 

Tal vez quede solo acostumbrarse a que esto sea la nueva normalidad: una forma de retarnos a no depender de lo que está allí  afuera en el valor efímero de lo material y crecer mientras entendemos que lo que está allí afuera realmente es lo que siempre hemos tenido dentro de nosotros mismos, como la obra de Millet reflejada en la propia vida de Dalí. ¿Quién sabe? Al fin y al cabo, del polvo venimos y a éste volvemos y no nos llevamos más que el la satisfacción del amar y ser amados. 



Al fin y al cabo, ha sido la muerte es quien ha inspirado este escrito.






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